Quién soy.
Volaba por los inmensos cielos de
la nada, pasando al lado de las estrellas mientras mi cabeza da eco a la
pregunta, un eco que resuena en el vacío de la infinidad. Quién soy.
Mi cuerpo carece de peso alguno, motivado a seguir avanzando sin rumbo fijo,
volando, cayendo por un vasto horizonte carmesí, sin saber qué me depara al
final de su extensión.
Retazos de mi ser van llenando mi
cabeza mientras más me acerco al final del infinito, susurrándome al oído lo
que soy, lo que tengo miedo a ser; lo que quiero y definitivamente lo que no
puedo tener. Susurros de extrañas voces, extrañas tonalidades de mí flotan a mi
alrededor como piezas de distintos rompecabezas, tratando de encajar dulcemente
en un molde hecho para ninguna de ellas. Me arrullan en sus propósitos.
Me pregunto quién soy en
realidad, cuál es el molde en el cuál encajan todos mis engranajes, cada
tornillo y tuerca, cada clavo que hace funcionar esta carne, esta sangre y
venas, que me hace sonreír, soñar, llorar, sufrir; que me hace ser yo.
Vislumbro el final, mi cuerpo cae
con más rapidez. Las murmurantes voces se callan por un momento, empiezan a
llamarme por mi nombre al unísono; sigo cayendo. Cierro los ojos y me dejo
consumir por el abismo de lo desconocido.
Quién soy.