lunes, 19 de septiembre de 2011

Demonios que amo


Dos horas seguidas, mi mente te grita, te reclama desesperada, como alguien a quien le falta el aire. Lloro y termino destrozada; tú, inmutable, como siempre, no respondes nada, le hablo a un pedazo de cartón que tiene tu silueta. Rompo vasos, pregunto el por qué; por qué no me esperaste, por qué no comprendiste que no estaba lista, que simplemente era una niña que debía madurar…pero no entendiste que yo me enamoré estúpidamente e ilógicamente de ti desde el primer beso, desde ese estremecimiento y confusión; dentro de todos los cimientos tambaleantes de mi vida, jamás dejé de tenerte en mí. Tú, tu seguiste adelante, yo lo intenté y fallé patéticamente, tropecé y no supe cómo pararme; me quedé llorando en el suelo mientras tu caminabas tranquilamente.
Y si me equivoco, y si no fue así, entonces dime por qué, dime sólo por qué no levantaste el teléfono y rompiste el silencio, que sencillo pudiste superarme y que patético como me hundí por ti, esperándote con una sonrisa y los ojos vendados.

Años, pasaron años y por más que rezara, no te ibas, no querías (o tal vez yo no quería que salieras) salir de mi mente, de mi cuerpo y de mi corazón.
Me quedé en la nada, flotando en el espacio sin ti, como si te hubieras llevado un gran pedazo de mí; estoy incompleta. Yo quiero salir adelante, yo quiero querer…pero tu fantasma no se va y comienzo a pensar que eres como un demonio que me ha poseído, que jamás saldrás de mí.

Y una vez más tiro los vasos llorando, gritando que ya no puedo más con este dolor que me perfora en alma, que no sé cómo lidiarlo y en mi mente escucho de manera estúpida: ‘yo te esperé, ahora es tu turno’. Necesito saber si piensas en mí, si me extrañas, si te mueres por verme… tú me dices que sí, pero luego no vuelves a contestar el teléfono en meses. ¿Qué puedo pensar de ello? ¿De qué vale que me digas que te importo y que me quieres si jamás lo demostrarás? Me frustras, me haces enojar, me das rabia e ira y sólo quiero golpearte y que me enseñes algo del dolor que yo siento por dentro.
Me enamoré de una cojuda que amo con todo mí ser.
Eres una imbécil y te detesto; aún así con lo idiota que soy amo tu imbecilidad y por más que no te soporte  y que quiera golpearte y gritarte y reclamarte el por qué no pudimos ser felices o por qué no podemos ser felices hoy, ahora, aunque no quiera estar contigo por miedo a que me trates como antes… te amo y te quiero olvidar, créeme que sí. Se lo pido a Dios y a todos los santos que me hagan ese milagro y se apiaden de mi sufrimiento.

Vete y no vuelvas nunca más y que no quiera saber nada de ti; olvidar que existes, por favor, demonio que amo y a quien me aferro, sal de mí.

Ya no quedan exorcismos que pueda hacer. Te lo ruego.

No hay comentarios:

Publicar un comentario