martes, 11 de septiembre de 2012

A veces me molesta la incredulidad de la gente que me rodea cuando les digo que no me pasa nada, pero ellos no pueden leerme la mente. 

La cagué mucho cuando le di toda mi atención a mi mejor amiga, veo a mi alrededor y no sé a quién hablarle de cosas importantes, supongo que porque antes no tenía cosas importantes de las cuales hablar. Tenía a mi psiquiatra.

Abismo

Recaída.

Mis crisis tan distantes pasaron de ser un recuerdo lejano a una realidad actual por completo tangible. Es increíble como pude tropezar con la misma piedra de nuevo. Los cortes, los gritos, los llantos, las cosas volando por la habitación; todos esos recuerdos espeluznantes volvieron a atacarme, a proclamar suyo la carcasa vacía que abandonaron hace tiempo.
Es como si hubiese estado en un largo letargo, un estado de coma entumecida por el exceso de morfina en mi cuerpo y no hubiese sentido nada, como si la pesadilla que yo pensé que había sellado hace más de 6 meses regresara con más fuerzas. Nunca debí dejar la medicación.
Desperté aturdida, tambaleándome al borde del abismo, perdiendo todo equilibrio. Ese espantoso hoyo en el fondo de mi ser me seduce deliberadamente, esperando que caiga en sus garras para destrozarme.

Ha empezado una vez más la larga espiral hacia la demencia.

Las inseguridades, el desprecio por mi misma...todo ha vuelto y ahora tiene una nueva estrategia de juego.
Perdí hace tiempo a mi mejor amiga, ahora pierdo un ciclo de estudios... y alejo poco a poco a la única persona que me tiende su mano para no caer.
Veo como todo se desvanece a mi alrededor, al igual que yo y siento que no hay mucho que pueda hacer para remediarlo.
Mi relación se tambalea al igual que yo, veo como el poco color que  tiene mi vida se torna lentamente gris y siento que no hay nada que pueda hacer para evitarlo, no hay nada que pueda hacer mas que mirar desesperadamente... yo no quiero esto.


Estoy tan cansada de batallar.