Estoy a dieta desde Febrero, empecé estrictamente y ahora como lo que se me antoja, pero de vez en cuando (ojo con la excusa patética)
A pesar de que he bajado más de 10kg, me siento asquerosamente gorda, y empujarme un chocolate de vez en cuando o comer en general algo que no sea pasto y pollo a la plancha hace que me de asco de mi misma.
¿Tan poca motivación puedo tener? necesito bajar esos 12 kilos demás (y créanme que no exagero) y de esta forma no lograré nada. Lo peor de todo es que, y me lo digo con frecuencia y en cierto tono de irritación, 'sólo es comida'. Y lo es; no es aire que sin él no puedo vivir, es comida, en concreto, es comida que NO necesito (sólo lo que la nutricionista me ha dado es necesario y vital). Entonces, ¿por qué sigo comiendo cuando no debo? ¿por qué la ansiedad? antes podía manejarla mucho mejor que ahora.
Cada vez que tengo uno de estos atracones de meterme a la boca cosas que no debo, siento automáticamente una culpa sobrecogedora que hace que engorde 5kg en el acto. Seguido por unos deseos incontrolables (aunque sí que son controlables) de vomitarlo todo. No lo hago porque soy marica, porque no tengo las agallas, las pelotas que tienen las que sí lo hacen. Con esto no justifico para nada (mucho menos apoyo) los desordenes alimenticios (aunque he llegado a pensar que la obesidad y el sobrepeso es uno de ellos, solo que el otro extremo) pero de verdad, debo admitir, que las personas que lo logran tienen mi respeto; porque no pues, no es sencillo meterse un dedo a la boca y regurgitar todo lo consumido, todo el día, todos los días.
Alguna vez lo hice; vomité el pollo a la brasa que salvajemente me comí hace muchos años, me dije que lo haría más seguido y hasta visité páginas que apoyan ese 'estilo de vida'.
No me duró ni 3 días.
Supongo que debo dar gracias por ello, ya que si no fuera así, estaría mucho más delgada y probablemente camino a la autodestrucción (de una manera mucho menos agradable que la de automutilarme). Creo que la solución sería ponerme un corcho en la boca y ya. Pero qué fácil es decirlo con el estómago lleno, jurando que no volveré a comer descontroladamente.
Mañana será un día mejor, un día en el que, con suerte, encuentre la motivación e inspiración que perdí en el camino.
miércoles, 18 de junio de 2014
jueves, 5 de junio de 2014
Internado
Extraño las tardes en el internado, donde la vida transcurría paralelamente a la realidad, marcando su propio compás, como siempre en silencio. En los primeros días, recuerdo vagamente salir al patio, dopada hasta las orejas, arrastrando los pies mientras caminaba. Maria José, si no hubiese sido por ti, nunca habría encontrado una buena razón por la cual salir al mundo real; eras tú la que me motivaba a mejorar y a quien siempre recurría en mi mente por las noches.
Despertar, comer, tomar las pastillas, dar vueltas por ahí, almorzar, tomar más pastillas, salir a dar vueltas por el jardín, cenar, tomar pastillas, dar vueltas por el comedor, dormir. Incluso los cigarrillos estaban controlados; que no hubiese hecho por un cigarrillo Maria José.
Siento que pasé ahí dentro una vida entera, que los días pasaban muy lentos, pero podía respirar una tranquilidad absoluta, al menos fuera del bullicio de mi mente. ¿Qué hubiese pasado si aún estuviese ahí dentro? Es mucho más sencillo encerrarse en ese pequeño espacio de tiempo muerto que afrontar la vida. Al salir de ahí, tuve miedo Maria José, mucho miedo; no sabía qué esperar del resto, que esperar de mi.
Recuerdo que no me despedí de una de las técnicas enfermeras; decían que si no te despedías de ella volvías. Supongo que por eso fui de visita un par de días luego de una semana de ser dada de alta.
Cuando me siento demasiado agobiada, cuando la vida parece comerme de a pocos, hundiéndome en un abismo, es ahí cuando quisiera solo desconectar un enchufe y dejar de pensar, de sentir. Qué sencillo sería, Maria José, si todos pudiésemos entrar en un coma auto inducido, con una fecha de retorno. Qué fácil sería tomar un auto e ir al internado, quedarme ahí unas semanas de vacaciones.
Que sencillo, que difícil sería, Maria José.
Despertar, comer, tomar las pastillas, dar vueltas por ahí, almorzar, tomar más pastillas, salir a dar vueltas por el jardín, cenar, tomar pastillas, dar vueltas por el comedor, dormir. Incluso los cigarrillos estaban controlados; que no hubiese hecho por un cigarrillo Maria José.
Siento que pasé ahí dentro una vida entera, que los días pasaban muy lentos, pero podía respirar una tranquilidad absoluta, al menos fuera del bullicio de mi mente. ¿Qué hubiese pasado si aún estuviese ahí dentro? Es mucho más sencillo encerrarse en ese pequeño espacio de tiempo muerto que afrontar la vida. Al salir de ahí, tuve miedo Maria José, mucho miedo; no sabía qué esperar del resto, que esperar de mi.
Recuerdo que no me despedí de una de las técnicas enfermeras; decían que si no te despedías de ella volvías. Supongo que por eso fui de visita un par de días luego de una semana de ser dada de alta.
Cuando me siento demasiado agobiada, cuando la vida parece comerme de a pocos, hundiéndome en un abismo, es ahí cuando quisiera solo desconectar un enchufe y dejar de pensar, de sentir. Qué sencillo sería, Maria José, si todos pudiésemos entrar en un coma auto inducido, con una fecha de retorno. Qué fácil sería tomar un auto e ir al internado, quedarme ahí unas semanas de vacaciones.
Que sencillo, que difícil sería, Maria José.
domingo, 1 de junio de 2014
A ella.
Como saber si el amor de tu vida es en realidad ese? Como se
que no es mero capricho el perderme en tu mirada, que se me detenga el corazón
al ver que me estás escribiendo o ese vacío que siento en el estómago? Como se
que no me importas si te pienso mas de lo debido y si me pregunto si me
quieres. Como puedo decir que te he superado, si recuerdo cada momento que
compartimos con un anhelo que solo se encuentra en la adicción, aquella que
tuve por ti hace tanto, hace poco. Como pues, es que escribo de nuevo sobre ti,
como alguna vez juré no hacerlo mas, aquí estoy.
Eres como el cigarrillo que no terminé de fumar, la cena que
el perro se comió, el asiento que no cedí, la coma en vez del punto. Eres ese
‘continuará’ de mi vida, aunque soy el ‘fin’ de la tuya. No es obsesión, es un
amor que trasciende lo intrascendente, que tiene largos letargos y despierta
con el mismo sentir de la primera vez, esta vez con ganas de hacer lo correcto.
El tiempo del corazón es distinto al de la razón; este tiempo no pasa, no sin
ti. Seguí mi camino, tu el tuyo, en que momento pues, miré hacia atrás, o es
que jamás dejé de hacerlo.
El dolor se tomó unas vacaciones y me dejo con la mente en frío y el corazón tibio, tibio por otra a la que le entregué mis desvelos, mis sueños y mi ser. Pero no puedo evitar el hielo que recorre mis manos, el fuerte palpitar de mi corazón, al pensar en las noches que yacíamos en el suelo, observando la noche, platicando de banalidades no tan banales. Como evitar no temblar al recordar aquellos besos, esos que hacen que olvide lo que pienso, lo que escribo, lo que soy. Veo la diferencia abismal de pensar, de ser, de sentir en ambas. Las comparo, soy culpable, y caigo en la cuenta de la profundidad que contigo se tiene. Y es que está la ilusa esperanza de que sientas aquello que escribo, que anheles mi ser por completo; no es necesario que lo digas, yo sé que no me amas.
El dolor se tomó unas vacaciones y me dejo con la mente en frío y el corazón tibio, tibio por otra a la que le entregué mis desvelos, mis sueños y mi ser. Pero no puedo evitar el hielo que recorre mis manos, el fuerte palpitar de mi corazón, al pensar en las noches que yacíamos en el suelo, observando la noche, platicando de banalidades no tan banales. Como evitar no temblar al recordar aquellos besos, esos que hacen que olvide lo que pienso, lo que escribo, lo que soy. Veo la diferencia abismal de pensar, de ser, de sentir en ambas. Las comparo, soy culpable, y caigo en la cuenta de la profundidad que contigo se tiene. Y es que está la ilusa esperanza de que sientas aquello que escribo, que anheles mi ser por completo; no es necesario que lo digas, yo sé que no me amas.
O tal vez, pero definitivamente…definitivamente no estás enamorada de mi.
Hola
Sí, sigo viva.
Lo menciono porque hay personas que han leído este blog y la última entrada ha sido hace más de un año. Con lo depresiva que estaba y que por momentos estoy, supongo que es bueno de vez en cuando aclarar que uno está vivo (si no es recordarse que uno está vivo).
Quiero retomar este blog, escribir constantemente en él y compartir lo que siento, lo que reflejan estos ojos; estos ojos con mil cosas que decir, mil cosas que callo.
Bienvenidos.
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