Estoy a dieta desde Febrero, empecé estrictamente y ahora como lo que se me antoja, pero de vez en cuando (ojo con la excusa patética)
A pesar de que he bajado más de 10kg, me siento asquerosamente gorda, y empujarme un chocolate de vez en cuando o comer en general algo que no sea pasto y pollo a la plancha hace que me de asco de mi misma.
¿Tan poca motivación puedo tener? necesito bajar esos 12 kilos demás (y créanme que no exagero) y de esta forma no lograré nada. Lo peor de todo es que, y me lo digo con frecuencia y en cierto tono de irritación, 'sólo es comida'. Y lo es; no es aire que sin él no puedo vivir, es comida, en concreto, es comida que NO necesito (sólo lo que la nutricionista me ha dado es necesario y vital). Entonces, ¿por qué sigo comiendo cuando no debo? ¿por qué la ansiedad? antes podía manejarla mucho mejor que ahora.
Cada vez que tengo uno de estos atracones de meterme a la boca cosas que no debo, siento automáticamente una culpa sobrecogedora que hace que engorde 5kg en el acto. Seguido por unos deseos incontrolables (aunque sí que son controlables) de vomitarlo todo. No lo hago porque soy marica, porque no tengo las agallas, las pelotas que tienen las que sí lo hacen. Con esto no justifico para nada (mucho menos apoyo) los desordenes alimenticios (aunque he llegado a pensar que la obesidad y el sobrepeso es uno de ellos, solo que el otro extremo) pero de verdad, debo admitir, que las personas que lo logran tienen mi respeto; porque no pues, no es sencillo meterse un dedo a la boca y regurgitar todo lo consumido, todo el día, todos los días.
Alguna vez lo hice; vomité el pollo a la brasa que salvajemente me comí hace muchos años, me dije que lo haría más seguido y hasta visité páginas que apoyan ese 'estilo de vida'.
No me duró ni 3 días.
Supongo que debo dar gracias por ello, ya que si no fuera así, estaría mucho más delgada y probablemente camino a la autodestrucción (de una manera mucho menos agradable que la de automutilarme). Creo que la solución sería ponerme un corcho en la boca y ya. Pero qué fácil es decirlo con el estómago lleno, jurando que no volveré a comer descontroladamente.
Mañana será un día mejor, un día en el que, con suerte, encuentre la motivación e inspiración que perdí en el camino.
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