lunes, 15 de diciembre de 2014

Lo que reflejan estos ojos

Ella siempre me dice que mis ojos la hipnotizan, porque en ellos puede ver un océano profundo, cuyos confines es probable que ni yo misma conozca.

En mi interior, se encuentra todo y a la vez nada, repartido entre mis extremos.

Asomándote, puedes llegar a vislumbrar la ingenuidad de una niña que cree en el bien que yace en los demás, las expectativas y predicciones de una incrédula, la terquedad de una adolescente que no aprende su lección, la confianza hacia todos, como si fuesen la mejor de las amigas, la lealtad irrompible de todo un batallón de guerra hacia la causa encomendada, la pasión del primer amor..

Y también se encuentran los sueños rotos por aquellos que amó, la traición de los que le confió sus secretos, la decepción de las tantas expectativas, el adiós de los que imaginó ver hasta envejecer.

Y la terquedad, oh, la bendita terquedad que hace que siga en este círculo sin principio ni fin, dando vueltas hasta vomitar, quemándose las manos por otros tantas veces que la piel se llenó de ampollas. Cometiendo los mismos ingenuos errores, esperando del resto lo que una vez dio.

En sus ojos también hay ambiciones y subestimaciones, ego e inseguridades, agresividad y ternura, hostilidad y calma, superficialidad y filosofía; amor y odio.


Estos ojos reflejan un mundo entero, lleno de buenas intenciones y pésimas acciones. De todo tipo de polos opuestos de imanes colisionando entre sí y formando una cascada de pensamientos y emociones emitidas en una sonrisa nerviosa y un balbuceo de palabras inentendibles.



Y cuando hay una tregua, cuando ambos extremos ceden y se entremezclan los mundos, es ahí donde estos verdes ojos salpicados de colores transmiten lo inimaginable.

Rizitos de oro existe, yo salgo con ella.


Usted señorita, es la culpable de todas mis sonrisas. La culpo a usted por despejar mi neblina, por levantar mi mirada y fijarla a la suya para siempre. Porque llegó cuando había salido de un abismo, pero caminaba sin rumbo fijo entre tantas personas apuradas que me aturdían. Llegó y me derritió con sus hoyuelos, con sus manías por complacerme en todo y observarme por minutos interminables.


Me tomó de la mano y me ayudó a despejar el camino hacia mi corazón, donde en un rincón frío y olvidado, yacía yo. 
Me sostuvo en alto el mentón y con una sonrisa me repitió todos los días lo hermosa que era, lo afortunada que usted era, cuando fue al revés. 


Y es que no pude resistirme a sus ganas de tener las cosas bajo control ni usted a mi impulsividad. No pude evitar navegar entre profundos mares y cruzar peligrosas junglas para llegar a su corazón. Me dejé caer en la maravilla de sus brazos, que solo con estrujarme hacía que todas mis partes encajaran a la perfección, como si nunca me hubiese roto para empezar. 

Usted, sin darse cuenta, me enseñó a volar de nuevo, con más fuerza y con menos miedo. Usted descifró el enigma de mis ojos, esos que tanto le gustan.

Nocturno

La noche es el momento en el que mejor puedo escribir; el mundo yace en un profundo mundo muy lejano, viviendo los deseos más íntimos de sus subconscientes.

Hay un silencio exquisito, uno que no puede ser comparado con la tranquilidad de algunos días. Es la noche la que me desnuda, la que me observa silenciosamente esperando a que me pronuncie. Le cuento mis secretos a la luna y las estrellas miden el día que acaba de pasar, tratando de encontrar mejoras.

Cuando se están por ir, dejan al búho y a los pajarillos encargados de la sinfonía, una que cumple la función de reloj para los sonámbulos y los que soñamos despiertos, nos transmite la amarga sensación de que la noche está por terminar.


Corro contra el tiempo, el día siempre es tan ajetreado y largo…y yo quiero seguir soñando.


miércoles, 3 de diciembre de 2014

Terapias

La vida es injusta.

Es horrible tener que tomar pastillas para tener un correcto funcionamiento en sociedad. En especial porque no ves los hermosos efectos de dichas drogas..esto es, hasta que las dejas.

Es el típico caso del medicamento que actúa sin que lo sepas (como en el caso de los que sufren de migraña; sólo se dan cuenta que sus pastillas sí funcionaban cuando dejan de tomarla y tienen un episodio ASQUEROSO)   entonces es frustrante tomar pastillas sin sentir que algo cambia en ti.
Aparentemente, el mundo puede darse cuenta de tus cambios; desde tu humor hasta tus decisiones; todos lo saben, todos se dan cuenta, menos tú.
Y es que mucho depende de qué tipo de enfermedad estés sufriendo; en mi caso, aparentemente me vuelvo más ansiosa, irritable, insegura: inestable en general. Y claro, antes de terminar hecha bolita en tu cama llorando porque tu vida es un asco y nada tiene sentido ya, es mejor darle una visita a tu psiqui (hola, te acuerdas de mi? no hablamos desde hace medio año aprox. disculpa). La verdad es que sé que debo ir por mis pepas y que debo ir a ponerme al día con la Dra. Adrianzén y pedirle disculpas por dejar de ir así de repente a terapia, no fue muy educado.

Ah, y debo sacar cita con la Dra. Mujica, pedirle disculpas también por haberme negado a que me vea después de tener una crisis en su consultorio y terminar internada hace 6 años.

No sé por qué exactamente, pero necesito cerrar capítulos en mi vida, necesito hablar con estas personas, decirles que lo siento y que son especiales para mi, lo peor es que sé que lo que siento no es normal y probablemente no esté bien, pero yo no sé qué es normal porque nunca lo he sido (bueno, tampoco es que sea una lunática por completo, pero a veces pasa esto).

En fin, el meollo del asunto es que necesito volver a terapia, lo cual es una mierda, porque de verdad siento que estoy mejor y que soy un ser humano autosuficiente, al menos hasta que cae la noche, me envuelve el silencio y empiezo a escribir en este blog.

Entonces entiendo que nada está bien.

Brazos

En mi brazo izquierdo hay muchas líneas de un color más claro que el resto de la piel que las rodea. Estas pequeñas y asimétricas líneas fueron perdieron su distinción poco a poco, con el tiempo. Al menos hasta que otras, grandes y grotescas tomaron su lugar.
Si bien guardé el compás hace muchos años, una noche de Abril decidí coquetearle a un cutter amarillo. Pensando que el procedimiento sería igual, acarició rápidamente mi brazo. Nunca había sangrado tanto. Ni siquiera dolió demasiado, lo que sí dolió un poco más fue el proceso de curación. Recuerdo un corte tan abierto que supe que necesitaba puntos. Traté de hacerlo con una aguja e hilo. No sentí ni cosquillas.

Pero como con una sola mano no puedes coser nada (al menos no alguien tan inexperta como yo) lo dejé ser y ahora tengo un par de marcas bastante llamativas. Creo que nunca me dejarán olvidar.
Es curioso, porque a veces veo mi brazo inconscientemente y veo las marcas como parte de mi, como si hubiesen estado ahí desde que nací y como si cada línea, por más diminuta que sea, no tuviese su propia historia.
Es hermoso cuando olvido que las tengo, hasta que alguien me pregunta qué demonios me pasó en el brazo. Es ahí cuando me avergüenzo; es que la gente no tiene tino? no saben que esas cosas no se deben preguntar? a menos que sean amigos extremadamente cercanos, creo que no tienen derecho alguno de indagar sobre algo TAN delicado como mis cortes (porque sí, los cortes de cualquier persona son asuntos extremadamente personales). No me gusta ser recordada de ese tiempo, de esos momentos horribles de vacío, que nunca se van por completo, con los que debo lidear más de una vez cada cierto tiempo. El que ya no me agreda físicamente no significa que esté bien y haya superado todos mis problemas.
No es agradable recordar que tienes un trastorno de personalidad y que eso no va a curarse por más pastillas que tomes, por más terapia que hagas; sólo se controlará y podré vivir de manera pseudo normal.

Si ven a alguien con cortes en alguna parte de su cuerpo y que es bastante obvio que fueron obra de esa misma persona, muérdanse la lengua; a nadie le gusta sentirse observado y tratado distinto por ello.