La noche es el momento en el que mejor puedo escribir; el
mundo yace en un profundo mundo muy lejano, viviendo los deseos más íntimos de
sus subconscientes.
Hay un silencio exquisito, uno que no puede ser comparado
con la tranquilidad de algunos días. Es la noche la que me desnuda, la que me
observa silenciosamente esperando a que me pronuncie. Le cuento mis secretos a
la luna y las estrellas miden el día que acaba de pasar, tratando de encontrar
mejoras.
Cuando se están por ir, dejan al búho y a los pajarillos encargados de la sinfonía,
una que cumple la función de reloj para los sonámbulos y los que soñamos
despiertos, nos transmite la amarga sensación de que la noche está por
terminar.
Corro contra el tiempo, el día siempre es tan ajetreado y largo…y
yo quiero seguir soñando.
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