Un debate interno se ha apoderado de mí. Una discusión constante entre lo que debo y lo que quiero hacer. Mi moral junto con mi sentido común se tomaron unas vacaciones, anticipando lo que pasaría. Y es que en asuntos emocionales ellos no se meten. Desde lejos escucho sus gritos de sensatez, los únicos dentro de mí por ahora, mas no puedo obedecerlos, su belleza es una gasa sobre mis ojos, su voz es música para mí y ni que decir de su sonrisa.
Así es, ella me tiene ciega, me derrite, me ilusiona, me encanta… y lo peor, es que no lo cambiaría por nada.
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