Sonrío mientras lloro al recordar la felicidad que le dio sentido a mi vida hace mucho, al recordar todo lo que me enseñaste… al darme cuenta que te llevaste la chispa de mis ojos, los opacaste profundamente, me dejaste vacía.
No he podido ser feliz, la tristeza y el dolor opacan la dosis de serotonina y morfina que recibo a diario, la cual esta cuidadosamente contabilizada.
Sólo contigo he podido sonreír genuinamente, no he tenido límites al amarte y me entregué a ti tal y como soy. Es muy cruel que me hagas tan feliz y luego me quites eso, ¿por qué haces eso? Siempre hiciste lo mismo. Yo siempre como la tonta que soy volví corriendo a ti. Hoy por enésima vez me repito que no debo hacerlo más.
Yo aprendí lo que era querer y lo que era el dolor a una muy temprana edad contigo. Todo fue intenso y de golpe, de igual manera se fue.
Aprendí que era ser feliz, a desear a alguien, aprendí a besar, a soñar, aprendí a mentir también. A ser paciente, a estar confundida seguido, a dejarme llevar de la mano por la calle, a decir ‘te amo’ sinceramente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario