jueves, 18 de agosto de 2011

Ermitaña

Prisionera de recuerdos que se deslizan sigilosamente a mi alrededor, amarrándome contra el frío mármol, ese gélido piso de mi corazón. Aquel lugar donde paso gran parte de mis días y absolutamente todas mis noches, mirando la luna y cuidando de mi invernadero, repleto de flores que en la oscuridad toco, guiándome por sus formas y olores; un inmenso jardín que nadie jamás ha logrado ver.
Pocos rayos de luz entran aquí y siempre logran alarmarme, hacen que me duelan los ojos, pues no estoy acostumbrada a aquel brillo del sol que se filtran por pequeñas grietas que algunas personas logran hacer al acercarse peligrosamente a lo más profundo de mi ser.

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